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Más y mejor educación para salir de la crisis

noviembre 24, 2009

Cuando los sindicatos decidimos, utilizar el lema “Más y mejor educación para salir de la crisis” en distintos actos de la vida sindical lo hicimos desde la convicción de que las profundas transformaciones que necesita el sistema productivo para salir de la crisis económica, pasan por apoyar e impulsar la educación y la formación permanente.

Decíamos en una ocasión anterior que una parte significativa de quienes engrosan las listas del paro como consecuencia de la crisis económica y del derrumbe del sector inmobiliario, han intentado reintegrarse en el sistema educativo a través de la Formación Profesional. Reingreso que no han logrado en nuestra Comunidad en muchos de los casos pues la Consejería de Educación ha realizado una oferta de plazas de Formación Profesional absolutamente insuficiente .

Y es que el planteamiento debía haber sido el opuesto. Una buena planificación en tiempos de “vacas flacas” debería haber considerado que no hay transformación que valga del modelo productivo si los trabajadores no adquieren una formación específica que les dote de preparación para asumir nuevos retos para los nuevos tiempos así como para los nuevos empleos.

Y de nuevo a la Administración de nuestra Comunidad le ha pillado el toro, frente a esa necesaria planificación de la oferta educativa, la respuesta del gobierno regional ha sido escurrir el bulto y justificarse diciendo que no podían imaginar que la solicitud de plazas sería tan grande.

Escurrir el bulto es algo que saben hacer muy bien. Es muy útil a la estrategia política del gobierno de Esperanza Aguirre seguir además culpabilizando del paro en la Comunidad de Madrid al gobierno Central y del fracaso escolar a las leyes educativas socialistas. Sin embargo no podemos dar la espalda al hecho de que según los datos de paro registrado de finales del mes de septiembre, hay en nuestra región 430.784 desempleados, un 11,6% del total de los 3.709.447 existentes en la misma fecha en el conjunto de España. Eso quiere decir que se ha producido un incremento del paro en nuestra región del 49,1%, superior en 7,8 puntos al incremento en el conjunto de España, que fue en estos doce meses del 41,3%.

Por otra parte, ya son 10 los años transcurridos desde que se realizaron las transferencias de Educación a la Comunidad de Madrid, y no es baladí el hecho de que en este tiempo la Comunidad de Madrid haya retrocedido en las tasas de escolarización y que el índice de fracaso escolar esté por encima de la media nacional. La esperanza de permanecer dentro del sistema educativo de los alumnos en Madrid también se ha reducido en medio año situándose en 12,5 años, por lo que estamos por debajo de la media española. Quizá este hecho tenga que ver con que el peso de la red pública en este mismo período se ha reducido del 54,9 por ciento al 53,2 por ciento.

No podemos dejar atrás que la inversión en educación de la Comunidad no cubre las necesidades y que la Administración madrileña sigue a la cola también en relación al porcentaje del PIB que invierte en educación.

La situación en nuestra región, tanto desde un punto de vista laboral como educativo se ve muy condicionada y agravada precisamente por la gestión política neoliberal que preside todas las actuaciones del Ejecutivo autonómico y que está colocando a la Comunidad de Madrid a la cola del país en cuestiones tan fundamentales, como las relacionadas con el acceso a la educación y a unos servicios públicos de calidad.

 “Trabajar de manera más inteligente, no más dura, no con bajos salarios, sino con elevada cualificación”

Dando una vuelta en estos días a los artículos que se han escrito sobre la crisis económica y su relación con la educación, leíamos las palabras de Poul Nyrup Rasmussen, ex primer ministro de Dinamarca y presidente del Partido de los Socialistas Europeos (PSE), quien sostiene que “no es una coincidencia que los Estados de bienestar más fuertes, las sociedades escandinavas, figuren entre las economías más competitivas”. Según resume Andreu Missé en el artículo de El País, al que hacemos referencia , Rasmussen considera que la razón está en que las sociedades de bienestar invierten en la educación y en la formación de las personas y tienen políticas activas que ayudan a los trabajadores a pasar de un empleo a otro, y en donde el diálogo social entre trabajadores, empresarios y Gobiernos es esencial para lograr una buena productividad y una elevada cualificación. El secreto, según Rasmussen, está en “trabajar de manera más inteligente, no más dura, no con bajos salarios, sino con elevada cualificación”.

Continúa Missé afirmando que los ministros de Economía de la Unión están dedicando especial atención a analizar la importancia de la educación y el grado de eficiencia de los recursos empleados en la formación.

En el caso español, el pasado 28 de octubre, los ministros de Educación, y de Trabajo e Inmigración, presentaron la “hoja de ruta” para impulsar un nuevo modelo de Formación Profesional que según dicen, pretende estimular un modelo alternativo de crecimiento económico, basado en el conocimiento, que asegure un desarrollo económico sostenible, cohesión social y un creciente bienestar.

Entre los objetivos está fomentar la formación continua a lo largo de la vida, el trasvase de unas actividades profesionales a otras, y el reconocimiento de las competencias profesionales adquiridas a través de la experiencia laboral o de vías no formales de formación.

La Formación Profesional es más imprescindible que nunca en el momento presente, aunque siga estando poco valorada socialmente

 Para UGT resulta palmario que sólo un verdadero impulso de la Formación Profesional estimulará el ansiado modelo alternativo de crecimiento económico que sustituya al fracasado modelo actual, una FP adaptada a las nuevas tecnologías y a las necesidades de las empresas, sin desdeñar, antes al contrario, los oficios más tradicionales, algunos vinculados a esos sectores industriales tan potentes productivamente como generadores de empleo y que, sin embargo, y a pesar de su vigencia económica, se han visto desasistidos durante mucho tiempo, cuando no abandonados, en la Comunidad de Madrid.

Cabe decir que la Formación Profesional es más imprescindible que nunca en el momento presente, aunque siga estando poco valorada socialmente y por nuestra Presidenta Regional, quien afirmó en la Inauguración del curso Académico en el IES La Paloma que a Formación Profesional van los que no quieren estudiar.

Este desprecio a la Formación Profesional hace que nos preocupe sobremanera cuál pueda ser la implantación de ese nuevo modelo en una Comunidad en la que precisamente, los valores que lo han hecho triunfar en otros países, son vapuleados y desdeñados constantemente por su máxima autoridad política.

No nos estamos refiriendo a otra cosa que el respeto por el diálogo social, el respeto a los trabajadores y sus representantes, el respeto a la vocación de servicio público que debe tener una Administración en relación a la Educación y el respeto, en definitiva, a sus ciudadanos y ciudadanas.

 

Y esto es lo que UGT le está pidiendo a la Comunidad de Madrid cuando le solicita “Más y mejor educación para salir de la crisis”: resucitemos el diálogo social en nuestra Comunidad, garanticemos una economía más competitiva, trabajemos de forma más inteligente, no empeoremos las condiciones de trabajo e invirtamos en Educación y formación, que es lo único que puede garantizar un nuevo modelo de crecimiento sostenible. Modelo en el que habrá que dar prioridad también a la Investigación, el Desarrollo y la innovación (I+D+i) que ha de valer tanto para mejorar la productividad y la competitividad de la economía y de los distintos sectores productivos, como para impulsar la demanda, reducir el paro y mantener e incrementar el poder adquisitivo de los salarios.

La inversión en Educación y formación es lo único que puede garantizar un nuevo modelo de crecimiento sostenible

Invirtamos en Educación y Formación no sólo como condición imprescindible para salir de la crisis sino para devolver la ilusión a una generación de jóvenes abocados a una realidad tan cruda como segura; una generación cuya falta de expectativas es debida quizás , entre otras causas, a la falta de seguridad en la consecución de objetivos profesionales, pues aquí por lo general ni se ha valorado ni se valora la formación a la hora de obtener un salario, y muchos jóvenes se han visto abocados al mileurismo y a unas pésimas condiciones laborales, cuando no y más en la actualidad, a engrosar las listas del paro.

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